
Autora: Georgina Gimenez
Adaptación libre del cuento de Hans Christian Andersen
Obra de teatro
Personajes: 7 personajes principales: Narrador/a, Emperador, Sastre 1, Sastre 2, Ministro, Funcionario/a y Niño/a. Además, Pueblo/Cortesanos (3 o más, que también pueden doblar pequeñas intervenciones).
Acto único
Ambientación: El escenario puede resolverse con pocos elementos. A un lado, un trono o una silla para representar el palacio; al otro, un espacio vacío que, mediante mímica y movimientos, se convierte en el taller de los falsos sastres. En la escena final, ese mismo lugar será la calle principal del reino. El traje invisible deberá sugerirse con gestos exagerados, humor y juego teatral. El actor que interprete al emperador debe quedar siempre con ropa neutra y adecuada para una representación escolar.
ACTO ÚNICO
ESCENA 1: EN EL PALACIO
(Entra el NARRADOR/A. El EMPERADOR aparece mirando un espejo imaginario. Puede llevar capa, sombrero o algún accesorio llamativo. El PUEBLO/CORTESANOS lo observa.)
NARRADOR/A:
Hace mucho tiempo, en una ciudad muy lejana, vivía un emperador que amaba una sola cosa por encima de todas: la ropa.
No le interesaban demasiado los asuntos del reino, ni los discursos, ni las reuniones.
Lo único que realmente lo entusiasmaba era estrenar trajes nuevos.
EMPERADOR:
¿Cómo me queda esta capa?
No, no, no… mejor la azul.
Aunque la roja tiene más presencia.
O quizás la dorada…
¡Quiero verme perfecto!
PUEBLO 1:
¡Majestad, usted siempre luce magnífico!
PUEBLO 2:
¡Nunca vimos a nadie tan elegante!
PUEBLO 3:
¡Se cambia de traje más veces que nosotros de idea!
EMPERADOR:
Así debe ser.
Un gran emperador debe impresionar a todos.
NARRADOR/A:
Y así pasaban sus días: entre telas, capas, botones y espejos.
Hasta que una mañana llegaron al palacio dos desconocidos.
(Entran SASTRE 1 y SASTRE 2, haciendo reverencias exageradas.)
SASTRE 1:
¡Majestad! Hemos venido desde muy lejos.
SASTRE 2:
Somos los mejores sastres del mundo.
EMPERADOR:
¿De verdad?
Eso es mucho decir.
SASTRE 1:
Podemos confeccionar el traje más hermoso jamás visto.
SASTRE 2:
Ligero como el aire.
SASTRE 1:
Brillante como el sol.
SASTRE 2:
Y con una cualidad extraordinaria.
EMPERADOR:
¿Extraordinaria?
Eso me interesa. Hablad.
SASTRE 1:
La tela de ese traje solo puede ser vista por las personas inteligentes.
SASTRE 2:
Y por quienes son realmente aptos para el cargo que ocupan.
EMPERADOR:
(Asombrado.)
¡Magnífico!
Así sabré quién sirve bien en mi reino… y quién no.
SASTRE 1:
Solo necesitamos un pequeño adelanto.
SASTRE 2:
Un poco de oro, algunas monedas, seda finísima…
EMPERADOR:
¡Tendrán todo lo que pidan!
Quiero ese traje de inmediato.
NARRADOR/A:
Y sin sospechar nada, el emperador les entregó una gran suma de dinero.
Los dos falsos sastres sonrieron satisfechos… y se pusieron a trabajar con mucho entusiasmo y con muy poca tela.
Es decir: con ninguna.
ESCENA 2: EL TALLER VACÍO
(En un extremo del escenario, los SASTRES hacen como si cosieran en telares invisibles. Mueven agujas imaginarias, estiran el aire y cortan la nada con tijeras.)
NARRADOR/A:
Los dos estafadores montaron un taller, pero no usaron ni un hilo.
Aun así, fingían trabajar día y noche.
SASTRE 1:
Sujeta bien esta tela invisible.
SASTRE 2:
Claro. No quiero que se arrugue este bordado maravilloso.
SASTRE 1:
¡Qué color tan elegante!
SASTRE 2:
¡Y qué dibujo tan fino!
NARRADOR/A:
El emperador estaba impaciente por ver el traje.
Pero antes de ir él mismo, decidió enviar a su ministro más antiguo.
(Entra el MINISTRO.)
MINISTRO:
Majestad, iré enseguida.
Observaré cada detalle.
(Se acerca al supuesto telar. Mira. Hace una pausa larga.)
MINISTRO:
(En voz baja.)
¿Pero qué es esto?
Aquí no hay nada.
Ni tela, ni hilo, ni botones.
(Se asusta.)
¡Ay, no!
Si no veo nada… ¿será que soy un ignorante?
SASTRE 1:
Señor ministro, lo noto muy callado.
¿Está admirando los colores?
SASTRE 2:
Mire este bordado. Es finísimo.
MINISTRO:
(Nervioso.)
Sí, sí… claro.
Lo veo perfectamente.
SASTRE 1:
¿Le agrada?
MINISTRO:
Muchísimo.
Es… es… extraordinario.
SASTRE 2:
Nos alegra oír eso.
Solo necesitamos un poco más de dinero para terminar los últimos detalles.
MINISTRO:
Por supuesto.
Se lo comunicaré al emperador.
NARRADOR/A:
Y así, el ministro regresó al palacio lleno de dudas… pero sin atreverse a decir la verdad.
ESCENA 3: EL SEGUNDO INFORME
(El EMPERADOR espera impaciente.)
EMPERADOR:
¿Y bien?
¿Cómo es mi traje?
MINISTRO:
Majestad, es una maravilla.
Jamás vi una tela tan delicada.
EMPERADOR:
¡Excelente!
Pero enviaré también a otro funcionario.
Quiero un segundo informe.
(Entra el FUNCIONARIO/A, muy seguro de sí mismo.)
FUNCIONARIO/A:
Puede contar conmigo, majestad.
Tengo una vista impecable.
NARRADOR/A:
El funcionario llegó al taller con mucha seguridad… hasta que miró el telar vacío.
FUNCIONARIO/A:
Veamos esa obra maestra.
(Mira. Da una vuelta alrededor del telar.)
FUNCIONARIO/A:
(Aparte.)
No veo nada.
Nada de nada.
Ni una puntita de hilo.
¿Estaré perdiendo la vista?
SASTRE 2:
¿Verdad que el diseño es magnífico?
SASTRE 1:
Observe estos detalles.
FUNCIONARIO/A:
(Titubeando.)
Sí… sí… muy hermoso.
Muy moderno.
Muy… aireado.
SASTRE 2:
¡Sabíamos que alguien tan preparado lo apreciaría!
FUNCIONARIO/A:
Desde luego.
Informaré que el traje es espléndido.
NARRADOR/A:
Y también él volvió al palacio alabando una tela que no existía.
FUNCIONARIO/A:
Majestad, su traje será el más hermoso jamás visto.
EMPERADOR:
¡No aguanto más!
Iré yo mismo a verlo.
ESCENA 4: LA PRUEBA DEL TRAJE
(El EMPERADOR entra al taller acompañado del MINISTRO y el FUNCIONARIO/A.)
SASTRE 1:
¡Majestad!
Qué honor recibirlo.
SASTRE 2:
Llegó justo a tiempo.
El traje está terminado.
(Señalan el aire con admiración.)
EMPERADOR:
(Mira fijamente. Queda inmóvil.)
(Aparte.)
No veo absolutamente nada.
Ni una manga, ni un botón, ni una cinta.
¿Será posible que yo tampoco pueda verlo?
No… nadie debe saberlo.
SASTRE 1:
¿Qué opina de la tela, majestad?
SASTRE 2:
¿Y del bordado?
MINISTRO:
Majestad, observe qué belleza.
FUNCIONARIO/A:
Y qué elegancia.
EMPERADOR:
(Forzando una sonrisa.)
Sí… sí… claro.
Es magnífico.
Verdaderamente magnífico.
SASTRE 1:
Entonces procederemos a vestirlo.
SASTRE 2:
Si fuera tan amable de quitarse la capa.
(El emperador se quita solo la capa o un accesorio exterior. Debe quedar con ropa neutra y apropiada para escena escolar.)
SASTRE 1:
Aquí va la chaqueta.
(Hace el gesto de colocarla.)
SASTRE 2:
Aquí los pantalones.
(Hace el gesto.)
SASTRE 1:
Y aquí la gran cola imperial.
SASTRE 2:
¡No la pise, majestad!
Es muy delicada.
(El MINISTRO y el FUNCIONARIO/A fingen acomodar la cola invisible.)
MINISTRO:
Le queda perfecto.
FUNCIONARIO/A:
Parece hecho a su medida.
EMPERADOR:
(Mirándose en un espejo imaginario.)
Debo admitir… que nunca llevé un traje tan ligero.
SASTRE 1:
Porque no existe otro igual en el mundo.
SASTRE 2:
Majestad, debería lucirlo en el gran desfile.
EMPERADOR:
¡Sí!
Quiero que todo el pueblo admire mi nuevo traje.
NARRADOR/A:
Y así se organizó un gran desfile por la calle principal del reino.
Los falsos sastres sonreían con picardía.
El emperador caminaba orgulloso.
Y todos los demás… temblaban de miedo.
ESCENA 5: EL DESFILE
(El PUEBLO se coloca a ambos lados del escenario. El EMPERADOR desfila con mucha pompa. Detrás pueden ir el MINISTRO y el FUNCIONARIO/A haciendo como que sostienen la cola invisible.)
PUEBLO 1:
(En voz baja.)
¿Tú ves el traje?
PUEBLO 2:
Yo no veo nada.
PUEBLO 3:
Shhh… no lo digas.
Van a pensar que somos ignorantes.
EMPERADOR:
(Saludando con orgullo.)
Gracias, gracias.
Sé que están admirados.
PUEBLO 1:
(Fingiendo entusiasmo.)
¡Qué hermoso!
PUEBLO 2:
¡Qué elegante!
PUEBLO 3:
¡Qué… qué… liviano!
NARRADOR/A:
Nadie se atrevía a decir la verdad.
Todos repetían elogios por miedo a quedar en ridículo.
Hasta que una voz pequeña, clara y valiente rompió el silencio.
(Entra el NIÑO/A.)
NIÑO/A:
Perdón… pero el emperador no lleva su traje nuevo.
(Todos quedan congelados.)
NIÑO/A:
¡No lleva nada nuevo!
¡Los sastres lo engañaron!
PUEBLO 1:
(Mirando de nuevo.)
Pues… ahora que lo dice…
PUEBLO 2:
Yo tampoco veía el traje.
PUEBLO 3:
¡Es verdad!
PUEBLO TODOS:
¡No lleva su traje nuevo!
¡No lleva su traje nuevo!
(El EMPERADOR se detiene. Baja lentamente las manos.)
EMPERADOR:
(En voz baja, angustiado.)
Creo que tienen razón.
MINISTRO:
Majestad…
FUNCIONARIO/A:
Será mejor regresar al palacio.
(Mientras todos miran al emperador, los SASTRES empiezan a retroceder disimuladamente.)
SASTRE 1:
(En voz baja a su compañero.)
Creo que nuestro trabajo aquí ha terminado.
SASTRE 2:
Y nuestros bolsillos están llenos.
(Los dos salen apresuradamente.)
NIÑO/A:
¡Miren!
¡Los sastres se escapan!
PUEBLO 1:
¡Nos engañaron!
PUEBLO 2:
¡Todo era mentira!
PUEBLO 3:
¡El niño tenía razón!
(El emperador respira hondo, se endereza y levanta la cabeza.)
EMPERADOR:
(Con dignidad forzada.)
El desfile… debe continuar.
(El emperador da unos pasos más, intentando mantener la compostura. El MINISTRO y el FUNCIONARIO/A lo siguen, muy incómodos.)
NARRADOR/A:
Y así, aunque por dentro supo que lo habían engañado, el emperador siguió caminando lo más airoso que pudo hasta el final del desfile.
(El pueblo lo observa. Algunos murmuran. Otros bajan la cabeza avergonzados.)
NIÑO/A:
A veces una sola verdad vale más que mil aplausos.
NARRADOR/A:
Y desde aquel día, todos recordaron la lección:
la mentira puede engañar por un rato,
pero la verdad siempre termina saliendo a la luz.
TODOS:
¡La verdad siempre termina saliendo a la luz!
(Hacen una reverencia.)
FIN