Adaptación a la obra: Los deseos ridículos (4 personajes)

Adaptación escolar de Los deseos ridículos, con humor y moraleja. Un leñador recibe tres deseos, pero por apresurarse termina desperdiciándolos de la manera más absurda.

Título de la obra: Los deseos ridículos

Autor: Charles Perrault
Adaptación a la obra: Georgina Gimenez

Personajes:

  1. Narrador/a
  2. Leñador
  3. Mujer
  4. Júpiter

Acto I:

Ambientación: El escenario representa un bosque sencillo. Puede haber algunos troncos, ramas o un haz de leña. El leñador aparece cansado, cargando su trabajo del día.

Narrador/a:
Érase una vez un pobre leñador que se pasaba la vida quejándose de su mala suerte.

Leñador:
¡Ay, qué vida tan dura!
Trabajo sin descanso y nunca tengo nada.
Todo me sale mal.

Narrador/a:
Y tanto se quejaba, que un día apareció ante él el poderoso Júpiter.

(Entra Júpiter con gran solemnidad.)

Júpiter:
¡Basta ya de tantas quejas!
Dime, leñador, ¿qué puedo darte para que dejes de lamentarte?

Leñador:
(Asustado.)
¡Nada! ¡No quiero nada!

Júpiter:
No temas.
Tus tres primeros deseos se cumplirán, sean los que sean.
Pero reflexiona bien antes de pedirlos.

Narrador/a:
Dicho esto, Júpiter desapareció.

Leñador:
¡Tres deseos!
Debo ir a casa y hablar con mi mujer.
No puedo desperdiciarlos.

(El leñador sale cargando su leña con alegría.)

Acto II:

Ambientación: El escenario representa la humilde casa del leñador. Puede haber una mesa, dos sillas y un fuego imaginario o simbólico.

(Entran el Leñador y la Mujer.)

Leñador:
¡Mujercita mía!
Prepara una buena cena, porque nuestra suerte ha cambiado.
¡Tenemos tres deseos!

Mujer:
¿Tres deseos?
Entonces debemos pensar muy bien qué pedir.

Leñador:
Eso mismo pensé yo.

Mujer:
Podríamos pedir oro, una casa grande, ropa elegante…

Leñador:
Sí, sí… pero primero cenemos tranquilos.

Narrador/a:
Cenaron, bebieron y se sentaron junto al fuego.

Leñador:
(Estirándose en la silla.)
¡Ajajá!
Con este fueguito, lo único que nos falta es una buena vara de salchicha.

Narrador/a:
Apenas terminó de decirlo, apareció una larga salchicha.

Mujer:
¡No puede ser!

Leñador:
¡Se cumplió el deseo!

Mujer:
¡Gastaste un deseo en una salchicha!
¡Podíamos haber pedido riquezas!
¡Joyas!
¡Un palacio!

Leñador:
Bueno… fue sin querer.

Mujer:
¡Hay que ser muy tonto para hacer algo así!

Leñador:
Ya entendí.

Mujer:
¡No, no entendiste nada!
¡Mira que pedir una salchicha!

Leñador:
(Perdiendo la paciencia.)
¡Pues ojalá esa salchicha te quedara colgando de la nariz!

Narrador/a:
Y en el mismo instante, la salchicha quedó colgada de la nariz de la mujer.

Mujer:
(Quieta, asombrada.)
¡Ay!

Leñador:
Ahora sí que estamos en problemas.

Acto III:

Ambientación: El escenario sigue siendo la casa del leñador. La situación debe verse cómica: la mujer intenta moverse con normalidad mientras la salchicha cuelga de su nariz.

Mujer:
¡Mira lo que has hecho!
¡Ya van dos deseos desperdiciados!

Leñador:
Perdóname.
No lo pensé.

Mujer:
¿Y ahora qué haremos?

Leñador:
Nos queda un solo deseo.
Podría pedir un reino…
pero de nada serviría si tú sigues así.

Mujer:
No quiero reinos ni coronas.
Solo quiero volver a tener mi nariz como antes.

Leñador:
Entonces ya está decidido.
Deseo que mi mujer recupere su nariz.

Narrador/a:
Y al instante, la salchicha desapareció.

Mujer:
(Tocándose la nariz.)
¡Ha vuelto!
¡Mi nariz ha vuelto!

Leñador:
No tenemos oro.
No tenemos palacio.
Pero al menos todo volvió a la normalidad.

Narrador/a:
Así fue como el leñador perdió sus tres deseos y siguió siendo pobre.
Pero aprendió una gran lección:
hay que pensar bien antes de hablar y antes de desear.

Mujer:
Porque una palabra dicha sin pensar…

Leñador:
…puede costar muy caro.

Narrador/a:
Y colorín colorado, este cuento ha terminado.

FIN

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