Esta obra de teatro corta destinada al público joven habla de las drogas y las adicciones, de los peligros y de cómo se puede resistir a estas tentaciones. Es una obra en 2 actos para 8 personajes.



Obra Pedro Desorientado

Título de la obra: “Pedro Desorientado”

Autora: Nathalie Marin

8 Personajes:

  1. Narrador (Voz en off)
  2. Pedro (Niño inocente y desorientado)
  3. Raúl (Joven adicto)
  4. José (Amigo de Raúl)
  5. Anthony (Amigo de Raúl)
  6. Esteban (Niño astuto)
  7. Karen (Madre de Pedro-voz en off)
  8. Isaías (Hombre sabio y consejero)

Acto I

Narrador: Pedro, un niño de tan solo 10 años de edad, se encontraba un día andando por las calles de su barrio, desorientado en el mundo, sin nada que comer, sin amigos, sin nadie que entendiera la situación por la que estaba pasando. Pues, recientemente acaba de perder a su madre, su gran tesoro irreemplazable, debido a una grave enfermedad que la había acogido durante más de siete años.


(Pedro caminando por la calle, con las manos en el bolsillo mirando en todas las direcciones)

Pedro: ¡Madre!, cómo no he de extrañarte, si fuiste quien me dio la vida. ¡Mi única familia!.

Narrador: Con una gran tristeza en su rostro, y muy pensativo, Pedro observó con detenimiento a tres jóvenes sentados en una de las aceras de la calle, quienes no paraban de fumar exageradamente.

Raúl: ¡Oye tú!

Pedro: ¿Quién, yo?

Raúl: Sí, tu. ¿No quieres un poco?, mira que te quitará ese pesar que tienes en tus ojos.

Narrador: Pedro muy inocente ante las realidades existentes en la vida, se acercó a ellos, sin saber lo que le habría de acontecer.

(Pedro camina hacia Raúl y sus dos amigos)

Pedro: Dime, ¿tienes algo de comer?, tengo mucha hambre no he comido nada en todo el día.


Raúl: Tranquilo, en un rato conseguimos algo por ahí, pero…¡ven! siéntate con nosotros.

(Pedro se sienta al lado de Raúl)

Raúl: Cuéntanos que te paso.

(Pedro mira al suelo con una gran tristeza en su rostro)

Pedro: ¡Estoy muy triste!, porque el día de ayer falleció mi madre, y era la única persona que tenía en el mundo.

Raúl: ¡Que mal amigo!, pero ven fuma un poco nada te pasará, al contrario te aliviará la pena.


(Los amigos de Raúl hacen señas a Pedro a modo de invitación)

José y Anthony: ¡Ven niño!, no te pasará nada.

Narrador: Pedro, ante la insistencia de Raúl y la vociferación de sus amigos, decide aceptar la propuesta.

(Pedro comienza a reírse sin medida)

Raúl: ¿Cómo te sientes ahora?

Pedro: Siento como si me hicieran mil cosquillas en la pansa (Risas)

Raúl: ¡Ja ja ja!, bien amigo, bien.

(Raúl y su grupo de amigos comienzan a reír al unísono)

Narrador: Al pasar los días, meses y años, Pedro todo un joven ya quinceañero, se situaba sumergido en una adicción que a lo lejos parecía irreversible.

Acto II

(Pedro sentado con dos amigos en la acera, mientras por la calle pasaba un niño desorientado como él hace unos años)

Pedro: ¡Hey amigo!, ven y comparte con nosotros, para que te relajes un poco.

Esteban: No amigo, pero gracias.

Pedro: ¿Qué, me vas a decir que no quieres reírte un poco?, se nota a leguas que has pasado una pena.

Esteban: Sí amigo, mi madre acaba de fallecer

Pedro: Con mayor razón, ven aquí muchacho, siéntate un rato.

Esteban: Gracias amigo, es muy tentativa tu oferta, pero sé que a mi madre le hubiese gustado que luchase por mis sueños, y así lo haré; aunque tenga que esforzarme y trabajar, pero no me rendiré.

(Esteban sigue caminando sin mirar atrás, mientras Pedro se queda pensativo)

Narrador: Ante las profundas palabras de aquel muchacho, inmediatamente Pedro recordó la imagen de su bella madre, quien le dijo estas palabras minutos antes de su muerte.

Karen: Hijo mío, prométeme que nunca dejarás de luchar por tus sueños. Recuerda que aunque yo no este físicamente en este mundo ¡jamás te abandonaré!, siempre morare allí en tu hermoso corazón. No mires atrás, más si adelante, recorriendo cada día el camino correcto hacia la meta.

(Pedro cae en un profundo llanto)

Pedro: ¡Madre!, como fue que olvidé tus últimas palabras y tu mayor deseo. ¡Perdóname!

Narrador: Aquel llanto de Pedro fue tan sincero, que al pasar por ahí un hombre sabio de edad ya avanzada, se detuvo a reconfortarlo.

Isaías: Joven, no sé lo que te ha pasado, pero lo que hoy mi corazón te dice: es que nunca es tarde para volver a empezar.

Narrador: Al oír esas palabras, un gran gozo recorrió el cuerpo de aquel joven, que un día siendo niño, tomo la decisión equivocada.

(Pedro se levanta y abraza al caballero en agradecimiento)

Pedro: En mi inocencia, hace años caí en un gran vicio, pero hoy decido levantarme con mucho fervor, y animar aquellos niños como yo o como Raúl, para que nunca permitan que la situación los lleve a caer en una irreparable adicción.

FIN.

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