
Título de la obra: Aladino y la lámpara maravillosa
Autor: Basado en un cuento tradicional
Adaptación a la obra: Georgina Gimenez
Personajes:
- Narrador/a
- Aladino
- Madre de Aladino
- Hechicero
- Genio del anillo
- Genio de la lámpara
- Sultán
- Princesa
Acto I:
Ambientación: El escenario puede dividirse en dos espacios: la humilde casa de Aladino y un lugar apartado que representa el bosque o la montaña. Se puede usar una lámpara, un anillo y algunos gestos teatrales para sugerir la cueva mágica.
Narrador/a:
Había una vez un joven llamado Aladino. Era alegre, soñador y de buen corazón… pero también bastante perezoso.
Madre:
¡Aladino! Otra vez vienes de jugar. Hijo, necesitamos trabajar.
Aladino:
Ya lo sé, madre… mañana empiezo. Hoy solo quería divertirme un rato más.
Narrador/a:
Y así pasaban los días, hasta que una tarde apareció un extraño muy elegante.
(Entra el HECHICERO.)
Hechicero:
¿Tú eres Aladino? ¡Qué alegría encontrarte! Yo fui amigo de tu difunto padre.
Aladino:
¿De verdad?
Hechicero:
Claro que sí. Y quiero ayudarte. Puedo convertirte en un hombre rico e importante.
Madre:
(Desconfiada.)
Nunca había oído hablar de usted.
Hechicero:
He viajado por tierras lejanas durante muchos años. Déjeme llevar al muchacho conmigo un solo día. Le enseñaré el camino de la fortuna.
Narrador/a:
La madre, con esperanza, aceptó. Al día siguiente, el hombre llevó a Aladino a un lugar apartado.
(El HECHICERO hace como si encendiera una fogata y arrojara polvo mágico.)
Hechicero:
¡Observa bien!
Narrador/a:
De pronto, la tierra se abrió y apareció una entrada secreta.
Aladino:
¡Qué miedo! ¿Qué es eso?
Hechicero:
Nada que temer, sobrino. Toma este anillo. Te protegerá.
Baja por esa escalera, entra en la cueva y tráeme una vieja lámpara que encontrarás allí.
Aladino:
¿Solo una lámpara vieja?
Hechicero:
Sí. Pero date prisa.
Narrador/a:
Aladino descendió temblando. A los pocos segundos encontró la lámpara y la tomó. Cuando iba a salir, escuchó la voz del hechicero.
Hechicero:
(En voz baja, creyéndose solo.)
En cuanto me entregue la lámpara, lo dejaré encerrado para siempre.
Aladino:
(Deteniéndose.)
¡Así que ese era tu plan!
Hechicero:
¡Dame la lámpara ahora mismo!
Aladino:
¡No! Primero ayúdame a salir.
Hechicero:
¡Entrégamela!
Aladino:
¡No!
Narrador/a:
Furioso, el hechicero cerró la entrada de la cueva y dejó a Aladino atrapado.
Aladino:
¡Madre! ¡Ayuda!
(Se arrodilla.)
¿Qué voy a hacer ahora?
(Se frota las manos y sin querer roza el anillo.)
(Entra el GENIO DEL ANILLO.)
Genio del anillo:
¡Soy el genio del anillo! ¿Qué deseas?
Aladino:
(Asustado.)
¡Quiero salir de aquí! ¡Llévame a mi casa!
Genio del anillo:
Así será.
Narrador/a:
Y en un instante, Aladino desapareció de la cueva y regresó a su hogar.
Madre:
¡Hijo! ¡Pensé que no volverías!
Aladino:
Madre… no imaginas lo que me ha pasado.
Acto II:
Ambientación: El escenario representa primero la casa de Aladino y luego el palacio del sultán. Con pocos elementos puede sugerirse el cambio: una silla grande para el trono, una tela brillante o un cofre para las joyas.
Narrador/a:
Ya en casa, Aladino le contó todo a su madre. Pero ambos seguían preguntándose por qué aquel hombre deseaba tanto una lámpara vieja y sucia.
Aladino:
No entiendo qué tiene de especial.
Madre:
Está tan sucia que da pena verla.
Narrador/a:
Entonces Aladino comenzó a limpiarla.
(Aladino frota la lámpara. Aparece el GENIO DE LA LÁMPARA.)
Genio de la lámpara:
¡Soy el genio de la lámpara! Pídeme lo que quieras.
Madre:
(Asustada.)
¡Ay!
Aladino:
¡Entonces… tráenos comida! ¡Y buena comida!
Genio de la lámpara:
Concedido.
Narrador/a:
En un instante apareció un gran banquete. Desde ese día, Aladino y su madre ya no pasaron necesidades.
Madre:
Hijo… esta lámpara ha cambiado nuestra suerte.
Narrador/a:
Tiempo después, Aladino vio a la princesa y quedó profundamente enamorado.
(Entra la PRINCESA. Puede cruzar el escenario con elegancia.)
Aladino:
¿Quién es ella?
Narrador/a:
La hija del sultán.
Aladino:
Madre, quiero casarme con ella.
Madre:
¡Aladino! Eso no es tan sencillo.
Aladino:
Con la ayuda del genio, lo intentaré.
Narrador/a:
Entonces pidió un cofre lleno de joyas y su madre fue al palacio.
(Entra el SULTÁN.)
Madre:
Majestad, mi hijo Aladino le envía este presente y pide la mano de la princesa.
Sultán:
(Asombrado.)
¡Qué joyas tan hermosas!
Pero si desea casarse con mi hija, deberá demostrarme que puede darle una vida digna.
Narrador/a:
Aladino envió aún más riquezas. El sultán, satisfecho, aceptó el matrimonio.
Sultán:
Si tu hijo es tan generoso como parece, tendrá mi consentimiento.
Narrador/a:
Y así, Aladino y la princesa se casaron. Todo parecía perfecto… pero el hechicero seguía vivo.
(Entra el HECHICERO aparte.)
Hechicero:
Así que la lámpara está en el palacio…
No tardará en volver a ser mía.
Narrador/a:
Disfrazado de mercader, fue hasta el palacio gritando por las calles:
Hechicero:
¡Cambio lámparas viejas por nuevas!
¡Cambio lámparas viejas por nuevas!
Princesa:
(Asomándose.)
Qué hombre tan extraño…
Tenemos una lámpara vieja y fea guardada por aquí. La cambiaré por una nueva.
Narrador/a:
La princesa no sabía que esa lámpara era mágica. En cuanto se la entregó, el hechicero la frotó.
(Entra el GENIO DE LA LÁMPARA.)
Genio de la lámpara:
¿Qué ordenas, amo?
Hechicero:
Llévate este palacio y a la princesa a una tierra muy lejana.
Genio de la lámpara:
Así será.
Narrador/a:
Y el palacio desapareció.
(El escenario queda vacío o con gesto de sorpresa.)
Aladino:
(Entrando.)
¿Qué ocurrió aquí?
¿Dónde está mi palacio?
¿Dónde está la princesa?
Narrador/a:
Aladino comprendió enseguida que el hechicero había regresado.
Acto III:
Ambientación: Puede sugerirse primero un lugar vacío o la orilla de un río, y luego una sala del palacio lejano. No hace falta escenografía compleja: la narración y los movimientos pueden recrear el viaje, la torre y el regreso final.
Aladino:
Lo he perdido todo…
(Se tapa el rostro y se frota las manos. Aparece el GENIO DEL ANILLO.)
Genio del anillo:
Has vuelto a llamarme. ¿Qué deseas?
Aladino:
¡Quiero que me devuelvas a la princesa y al palacio!
Genio del anillo:
No puedo hacerlo. Solo el genio de la lámpara tiene ese poder.
Pero sí puedo llevarte hasta donde están.
Aladino:
¡Hazlo ahora mismo!
Narrador/a:
Y en un instante, Aladino fue transportado a una tierra lejana. Allí encontró a la princesa en una torre del palacio.
Princesa:
¡Aladino! ¡Sabía que vendrías!
Aladino:
¿Dónde está la lámpara?
Princesa:
El hechicero la lleva siempre con él.
Aladino:
Entonces escucha bien. Debemos engañarlo.
Narrador/a:
Esa noche, la princesa invitó al hechicero a beber.
(Entra el HECHICERO.)
Princesa:
Hoy pareces muy contento.
Hechicero:
He ganado al fin.
Princesa:
Entonces celebremos. Bebe esto.
Narrador/a:
La bebida lo hizo caer en un sueño profundo.
Hechicero:
(Adormecido.)
La lámpara… es mía… solo mía…
(Se duerme. La PRINCESA toma la lámpara y se la entrega a ALADINO.)
Princesa:
Aquí está.
Aladino:
Por fin.
(Frota la lámpara. Aparece el GENIO DE LA LÁMPARA.)
Genio de la lámpara:
¿Qué ordenas, amo?
Aladino:
Llévanos de regreso con el palacio a nuestra tierra… y deja al hechicero aquí.
Genio de la lámpara:
Concedido.
Narrador/a:
Y antes de un abrir y cerrar de ojos, Aladino, la princesa y el palacio regresaron a su hogar.
(Entra el SULTÁN.)
Sultán:
¡Mi hija! ¡El palacio ha vuelto!
Princesa:
Gracias a Aladino.
Aladino:
Y gracias también al valor de la princesa.
Narrador/a:
Desde entonces, Aladino comprendió que la verdadera grandeza no estaba en la riqueza, sino en el valor, la lealtad y el buen corazón.
Sultán:
Que así sea en este reino.
Princesa:
Y también fuera de él.
Todos:
¡Fin!