Esta es una obra de teatro para 2 personajes. La misma nos muestra la trascendencia y la importancia de los gestos familiares.



Obra sobre gestos familiares

Título: “El regalo de la abuela”

Autora: Silvina Carrasco

2 Personajes:

  1. Luci: Es una joven de unos 21 años. Recientemente ha sido madre de una beba llamada Abby. Con los años y la llegada de Abby, su visión de la vida ha cambiado.
  2. Mónica: Es la madre de Luci.

ACTO ÚNICO

Personajes que intervienen en este acto: Luci y Mónica.


Escenario: El ambiente es ameno y más bien despejado; basta con un sofá, una iluminación cálida y un oso de peluche tejido y rellenado de forma muy artesanal (está viejo y ya un poco deforme).

Introducción: Luci recuerda a su abuela en el aniversario de su fallecimiento.

Luci está sentada en su sofá, pensativa, con su oso en la mano.

(Entra Mónica sigilosa)

Mónica: Hola hija, ¿cómo estás? ¿Abby duerme?

Luci: Si, hace un rato se durmió.

Mónica: Lo imaginé, por eso traté de no hacer ruido.

Luci: ¿Le llevaste flores a la abuela?

Mónica: Si, vengo de ahí. (Mira al osito que su hija tiene en la mano) ¿Tú también estuviste pensando en ella?


Luci: Si, ya han pasado siete años pero aún no me acostumbro a que no esté con nosotras… y la extraño, hay tantas cosas que hoy me gustaría compartir con ella. (Pequeña pausa) Estaba recordando el día en que me regaló este oso.

Mónica: Sí, lo recuerdo; estuvo días buscando la lana y la tela del color perfecto y otros tantos días tejiendo y cosiendo. Quería que fuera un regalo especial para tí.

Luci: No lo sabía, sí recuerdo el día en que me lo dió. Era mi cumpleaños, yo esperaba una muñeca que  hablaba y en su lugar apareció este osito hecho a mano… Me apena reconocerlo, pero mi decepción fue grande.

Mónica: (Risueña) Casi tuve que obligarte a que le agradecieras el regalo a tu abuela y cambiaras la cara.

Luci: Es que en ese momento me sentí realmente desilusionada, pero es increíble cómo cuándo creces, los gestos más pequeños se vuelven lo más importante.

Mónica: No tienes que sentirte mal, eras una niña de seis años, es lógico que prefirieras otra cosa.


-Aún así tu abuela sentía que quería demostrarte su amor de esa manera: haciéndote algo ella misma y no comprándote algo extravagante.

Luci: Si me hubiera regalado la muñeca, yo habría jugado con ella un tiempo y luego la habría tirado en un rincón o a la basura. En cambio este oso me ha acompañado toda mi vida y es una de las cosas más valiosas que tengo.

Mónica: Bueno, pues; finalmente logró su objetivo: darte un regalo especial.

Luci: Era una abuela maravillosa. Ojalá Abby hubiera podido conocerla y disfrutar de ella cómo lo hice yo.

Mónica: La va a conocer a través de ti; cuando le cuentes los recuerdos que tienes de ella: las cosas que te cocinaba, los lugares a los que te llevaba de paseo, los juegos que jugaba contigo, los cuentos que te contaba…

Luci: Si, es cierto. Es que las personas que amamos mucho, nunca se van del todo.

Mónica: No. Se quedan en los recuerdos, en las cosas que nos enseñaron y hasta en esos pequeños gestos, que cómo tú dices se vuelven lo más importante.

Luci: Sí, mi osito por ejemplo, que para mí representa todo lo bueno de mi abuela.

Mónica: Y que seguramente un día será de Abby.

Luci: Si, un día se lo daré, junto con todos los demás recuerdos.

(Luci y Mónica se toman las manos con el osito presente.)

FIN

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