Obra de teatro infantil sobre el valor del trabajo (5 personajes)

Esta es una obra de teatro infantil para 5 personajes, que trata sobre el valor del trabajo y el esfuerzo, ya que solo de esta manera, conseguiremos grandes logros en la vida.

Obra Pepe El Aprendiz

Título: “Pepe, el aprendiz”.

Autora: Yanett Mora.

5 personajes: 

  1. Pepe (Niño de 10 años).
  2. Mamá (Mujer de 40 años).
  3. Papá (Hombre de 45 años).
  4. Lupe (Mujer de 42 años).
  5. Dora (Mujer de 40 años).

Acto I

Ambientación: Habitación de Pepe. 

Introducción: Pepe estaba durmiendo. Era su primer día de trabajo con su papá en la zapatería de la familia. 

Mamá: ¡Pepe, despierta cariño! Ha llegado tu gran día.

Pepe: ¡Al fin mamá! Al fin aprenderé como papá el arte de la familia.

Mamá: Pepe, quiero que sepas que pase lo que pase, siempre serás mi hijo y siempre estaré orgulloso de ti. 

Mamá abraza a Pepe y se sonríe.

Mamá: Ahora Pepe, ¡A desayunar! Te espera un gran día. 

Acto II

Ambientación: Fábrica de zapatos de la familia de Pepe. 

Introducción: El papá de Pepe le estaba dando las instrucciones básicas a Pepe de la zapatería.

Papá: Bueno hijo mio, ¡Al fin aprenderás el arte de hacer zapatos!.

Pepe: ¡Si papá, quiero aprenderlo todo y hacer los zapatos más bonitos que jamás se hayan visto!.

Papá: Wow hijo, me encanta tu actitud, pero no vayas tan rápido. Hacer zapatos es todo un arte que lleva su tiempo de aprender. Fíjate como primero debes tener en mente el diseño que deseas crear y luego tallarlo en madera, así.

Pepe miraba con atención.

Papá: Ahora Pepe, inténtalo tú.

Pepe agarra el martillo y se dispone a clavar su primer clavo.

Pepe: ¡OUUCHHH!

Papá: ¡Oh Pepe, te hiciste daño? ¡Te diste muy fuerte con el martillo! ¿Qué pasó?.

Pepe (Sobándose el dedo): Creo que no apunté bien y en vez de darle al clavo le dí a mi dedo. 

Papá: ¡Bueno, tranquilo Pepe, aprender a clavar llena su tiempo! Ven, intenta mejor dibujando las tallas de pies que ya tenemos medidas.

Pepe se dirige al otro lado del taller a sentarse y dibujar.

Pasaron 5 horas y Pepe seguía dibujando, de pronto, entra su papá.

Papá: ¡Bueno Pepe, creo que esto es todo por hoy! Vayamos a casa a tomar la cena con tu madre.

Pepe: ¡Sí papá!.

Acto III

Ambientación: Cocina casa de Pepe. 

Introducción: Papá, Mamá y Pepe comían juntos. 

Mamá: Y bien, cuéntenme cómo estuvo el primer día de Pepe.

Papá (Entre risas): Pues que a Pepé le ha costado usar el martillo y se golpeó un dedo.

Mamá: Oh Pepe, ¿te duele?.

Pepe (Avergonzado): No Mamá, no me duele. No te preocupes.

Mamá: Bueno Pepe, no pasa nada, el primer día siempre es así. Ya irás aprendiendo poco a poco.

Acto IV

Ambientación: Fábrica de zapatos de la familia de Pepe.

Introducción: Papá seguía dándole las instrucciones a Pepe. 

Papá: Bueno Pepe, hoy seguiremos practicando con el martillo. Agarra uno de los que tienes a tu derecha y clávale estos dos clavos a la suela de este zapato. 

Pepe (Agarrando el martillo a su derecha): ¡Sí, Papá!.

Pepe se prepara, respira profundo y de pronto…

¡¡¡OUCH!!!

Papá: ¡Pero qué ha pasado Pepe? No me digas que te volviste a golpear el dedo.

Pepe: Sí Papá, me he vuelto a golpear, pero esta vez en el dedo de la otra mano.

Papá: Bueno Pepe, esto no puede pasar todo el tiempo. ¿Y ahora el dedo de la otra mano? Así no podrás aprender con rapidez.

Pepe se sentía bastante avergonzado.

Papá: Vamos Pepe, mejor regresa del otro lado y sigue dibujando las tallas.

Pepe regresó al otro lado del taller a dibujar.

Pepe (Afligido): Si sigo así, nunca podré avanzar y aprender a hacer zapatos de verdad. ¡Dibujando no llegaré a ningún lado!.

Pepe no se había dado cuenta de que su papá se encontraba detrás de él, escuchándolo.

Papá: Pepe, yo sé que te sientes mal por no poder usar bien el martillo, pero debes saber que cada paso que se hace en este taller es igual de importante que el último. Si faltase uno, no podrías hacer zapatos.

Pepe: Entiendo papá.

Acto V

Ambientación: Fábrica de zapatos de la familia de Pepe. 

Introducción: Pepe estaba dibujando mientras que su papá pegaba algunas suelas.

Papá: Pepe, hoy se cumple un mes desde que estás trabajando conmigo aquí en la fábrica.

Pepe: Así es papá.

Papá: Avanzaste mucho con el dibujo, cada diseño que creaste le han sido de mucho agrado a los clientes.

Pepe: ¡Qué bueno papá!

Papá: ¿Qué te pasa, hijo? No te veo muy contento ¡Y es una excelente noticia!.

Pepe: Sí, estoy contento. Pero no me siento completo. Ha pasado un mes y no he logrado armar del todo un zapato. Quisiera proponerte algo papá.

Papá: ¿Qué será hijo mío?

Pepe: Quería saber si me das la oportunidad de dividirme el trabajo. Paso las mañanas dibujando nuevos diseños y en la tarde me dedico únicamente a armar los zapatos.

Papá: Está bien, Pepe, te daré la oportunidad. Me alegra mucho de que no te des por vencido.

Pepe (Con tono de felicidad): ¡Gracias papá! Verás como no te fallo.

Papá: ¡Pero no vayas a descuidar los dibujos!.

Pepe: ¡No lo haré Papá!.

Pepe se organizó y trabajó todos los días dividiendo sus mañanas entre dibujos y las tardes entre martillazos fallidos.

Acto VI

Ambientación: Fábrica de zapatos de la familia de Pepe. 

Introducción: Pepe estaba solo practicando con el martillo. De pronto escucha la voz de su mamá.

Mamá: ¡Pepe, hijo mio! Ya es de noche y tu sigues aquí trabajando.

Pepe: ¡Mamá qué haces aquí?.

Mamá: Vine a traerte comida, se que no has comido en todo el día. Me preocupa verte metido hasta tan tarde todos los días en la fábrica.

Pepe: Lo sé, mamá, ha pasado mucho tiempo. Pero siento que al fin tengo una buena noticia.

Pepe termina de darle unas pulidas a los zapatos que tenía en la mesa.

Pepe: ¡Mira mamá!.

Mamá: ¡Oh Pepe! Son los zapatos más bonitos que jamás había visto. Pero… no me digas que los hiciste tu.

Pepe: ¡Si mamá! No solo los dibujé, también logré pegarles las suela y clavarles los clavos. Me ha llevado día y noche de todo este mes, ¡Pero al fin lo he logrado!.

De pronto, entra el papá de Pepe.

Papá: Me siento muy orgulloso de tí, Pepe.

Mamá y Pepe quedan sorprendidos al ver entrar a Papá.

Papá: Así empecé yo, hijo mío. De hecho al principio me llevó más tiempo que el que te ha llevado a tí aprender a martillar. Tienes un enorme talento, no solo plasmas tus diseños en el papel, también lograste tallarlos a mano. El esfuerzo siempre tiene sus frutos.

Pepe: ¡Gracias Papá! Y mira, ¡Se los he hecho a mamá! Mis primeros zapatos son para ti, mamá, hazme el honor de probartelos.

Mamá (Probándose los zapatos): Oh Pepe, son lindísimos, y me quedan perfectamente. No solo eso, son verdaderamente cómodos. No puedo esperar a mostrárselo a todas mis amigas.

Mamá y Papá se acercan a Pepe y lo abrazan.

Acto VII

Ambientación: Cafetería del pueblo.

Introducción: La mamá de Pepe se encuentra tomando el té con sus amigas.

Lupe: ¡Pero que zapatos más hermosos tienes puestos! ¡Donde los compraste?.

Mamá: No los compré, los hizo mi hijo.

Lupe: ¡Así que tu hijo ya aprendió a el arte de la familia!.

Mamá: ¡Así es!

Dora (Entrando a la cafetería): ¡Pero qué zapatos tan bellos! ¿En donde los compraste?.

Lupe y la mamá de Pepe se echan a reír.

Mamá: ¡No los he comprado! Los hizo mi hijo para mí.

Dora: ¡Pero qué maravilla! ¿Cuánto me cobrará por hacerme unos? ¡Le pago el precio que sea!.

Lupe: ¡Que sean dos pares! Yo también quiero unos iguales. 

La mamá de Pepe no podía sentirse más orgullosa. 

Acto VIII

Ambientación: Fábrica de zapatos de la familia de Pepe. 

Introducción: Pepe se encontraba tarde en la noche trabajando. 

Mamá: ¡Pepe! Aquí te he traído tu comida.

Pepe: ¡Gracias mamá, ponla ahí, ya como!

Papá: Bueno Pepe, creo que a este ritmo que vamos, necesitaremos contratar más personas, los zapatos que le regalaste a tu mamá han sido todo un éxito.

Pepe (Utilizando como todo un experto el martillo): ¡Si papá! Definitivamente vamos a necesitar más ayudantes, ayer dibujé otro modelo más deportivo y dos amigos me los han pedido.

Papá: Tengo que felicitarte, hijo mío. Haz hecho que el negocio crezca. El éxito en la vida depende del trabajo duro para conseguir nuestros objetivos y de la suerte. La suerte no la podemos controlar, pero el trabajo sí. Tu no te rendiste cuando no podías utilizar el martillo y te golpeabas los dedos y en vez de darte por vencido, decidiste dividir tu tiempo para poder practicar. Solo la práctica, hace al maestro.

Pepe: ¡Pero yo ya tengo la suerte, papá, y son ustedes! Tengo la suerte de tener a los mejores papás del mundo. 

FIN.

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